Gaspar Llamazares ha sido el coordinador general de Izquierda Unida más coherente, sensato y honesto, y sin lugar a dudas debe ser considerado como el más aperturista y constructivo de cuantos han liderado la coalición. Llamazares ha desarrollado una política propositiva y positiva que ha empujado hacia la izquierda al Gobierno de Zapatero, sobre todo en cuanto a avances sociales se refiere. Ha mantenido una política de oposición frontal cuando no había punto de encuentro posible con un Presidente que no ha sabido –o querido- estar a la altura de las circunstancias con un aliado opositor que ha subordinado la estrategia y la política de foto-titular-telediario a las ideas.
Pero el cáncer terminal ha sido endémico. El diagnóstico de la enfermedad deja claro que el virus se originó en los órganos vitales que forman Izquierda Unida. A Llamazares le han crecido los enanos en su propio jardín. Los ataques más sonados han sido los propinados por sus dos predecesores en el cargo, Julio Anguita y Francisco Frutos, quienes acusan a Llamazares de un exceso de seguidismo y compadreo con el PSOE que ha derivado en una falta de identidad.
Que sostenga esto Julio Anguita, que en los últimos tiempos ha sentido una renovada filia hacia el foco mediático, es aceptable. Consiguió 21 escaños con una estrategia basada en el enfrentamiento continuo con el PSOE, formando con el PP la llamada “pinza” contra González, incluso una vez llegado Aznar a La Moncloa. Pero las salidas de tono del señor Paco Frutos son del todo inadmisibles. Frutos llegó a decir que Llamazares habría “ahorrado sufrimiento” a IU si se hubiera “ido a su casa hace cuatro años”. Son declaraciones del que fuera coordinador general de Izquierda Unida en el año 2000. El mismo que firmó un acuerdo pre-electoral con el PSOE para las Generales de ese año. El mismo que llevó a IU de los 2.640.000 votos en las elecciones de 1996, a los 1.263.000 en los siguientes comicios; y de 21 diputados a 8.
Pese al acoso continuo del PCE, Llamazares ha querido llevar a IU por el camino del ecosocialismo, tratando de apartarse del comunismo más sectario y de acercarse a la calle, a los movimientos sociales, ecologistas, ONGs, foros ciudadanos, etcétera.
Y precisamente, en el fondo, ha sido ese posicionamiento ideológico de Llamazares lo que ha prendido la mecha. De modo que el declive definitivo de IU se debe, en primer lugar, a la división interna: con dos frentes –gasparistas y PCE-, difícilmente reconciliables y que aglutinan aproximadamente el mismo porcentaje de apoyos dentro de la coalición, y una ‘tercera vía’ que, supuestamente, mantiene una equidistancia respecto a los otros dos.
En segundo lugar -y éste sí ha sido error, en parte, de Gaspar-, el escaso calado mediático de su discurso. Estamos de acuerdo en que debe prevalecer el contenido del mensaje sobre la emisión del mismo; pero es necesario encontrar un equilibrio, sin entregarse a la política-show, y ser capaz de hacer llegar las ideas, propuestas e iniciativas a la gente, los votantes. Error, en parte de Llamazares, como decía, porque evidentemente una formación que cuenta con el 5% de los votos no tiene poder para acceder a la tribuna de los mass media. Y esto no se soluciona con mítines en el facebook para salir en los telediarios de las dos y las nueve. Se soluciona haciendo primar la estrategia comunicativa de telaraña (donde se crean nodos interconectados que actúan como pequeños altavoces que transmiten el recado a cada rincón) sobre la comunicación radial (el gran altavoz central). Para ello habría que apremiar a cada agrupación local de IU a que reactive a sus Juventudes Comunistas, a implicarse en cada asociación de vecinos de barrio, a llegar a acuerdos con movimientos sociales, que cada vez hay más y atesoran más influencia,… No es fácil, pero, ¿acaso cuentan con otro plan B?
En tercer lugar -y aquí Llamazares ya no puede mirar hacia otro lado-, la ambigüedad en ciertos temas que desatan –con razón- antipatías hacia IU. ¿Por qué siguen justificando la dictadura castrista en Cuba? Muchos de los derechos por los que IU ha luchado y lucha en España no existen para los cubanos. Genial lo de la revolución, fatal lo del bloqueo. Sí. Pero los Derechos Humanos son innegociables, y obstaculizarlos es inexcusable.
Por otro lado, como segundo ejemplo de esos ciertos temas que provocan aversión a IU, está la que tienen montada en Euskadi. Frente al terrorismo hay que tener un discurso sólido, coherente y sin prejuicios; sin embargo, la política de Javier Madrazo al frente de Ezker Batua no es del todo compatible con la que se defiende desde IU.
Por último, relegado a la cuarta causa de la probable extinción de Izquierda Unida, quedaría la absoluta injusticia de una ley electoral que favorece, en primer lugar, el bipartidismo y, en segundo lugar, el sometimiento a los partidos nacionalistas como llave para llegar al poder. El cambio de la ley electoral debe ser una de las principales luchas de la izquierda española; pero dicha injusticia sólo explica parte de las razones que han llevado a IU a perder casi dos millones de votos en menos de diez años.
De nada sirve que ahora Gaspar Llamazares se amarre a su escaño tras su reciente dimisión. De poco servirá lo que haga el próximo coordinador general -si llega a haber otro- si continúan sin depurarse los problemas de fondo. Quizás, ahora sí, Anguita tenga razón y haya que afrontar una “refundación” total de la coalición. O quizás haya que sacrificar a la criatura para dejar paso a un nuevo partido de izquierdas que consiga ilusionar a esa gran parte de la sociedad española que hasta hace poco había convertido a IU en la tercera fuerza política con influencia real. Esa masa social que no quiere aceptar ni la política económica quasi-liberal del PSOE, ni unos PGE irreales, ni unas políticas de ayuda social cuya aplicación es injustamente no escalonada (léase cheque-bebé y 400 € de no retención). Es un amplio sector de la ciudadanía española que, a día de hoy, prefiere dar su voto al PSOE por aquello del “voto útil” contra el PP o, directamente, decide que no hay nada que merezca la pena en el panorama político nacional como para dejar de ir a la playa o al campo el domingo electoral.
El tiempo dirá si un domingo de marzo de 2012 estaré paseando por una cala de Calblanque -estupendo paraíso natural de la costa murciana- o iré al cole con mi voto. Si hace 15 años alguien me hubiera dicho que llegaría el día en que desearía estar ese futuro domingo de 2012 en el cole en lugar de ir a la playa, le habría contestado: “¿me estás diciendo que seré completamente imbécil cuando tenga 26 años?”. Probablemente la respuesta sea afirmativa.



Blog directamente conectado con los neurotransmisores de